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Punto y aparte
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Mi padre a la edad de 12 años me vendió para poder comprar drogas y seguir con su adicción. Recuerdo que mi madre se fue de la casa estando yo pequeña, no la culpo, él la maltrataba siempre por estar drogado, hasta que un día finalmente mi madre se hartó y se marchó. 

Me dejó sola con un hombre que hacía de mí lo que quisiera, metía a más hombres a la casa, quienes abusaban de mí sexualmente desde los 10 años. Un día mi padre me llevó con él a un lugar raro, estaba todo oscuro y no se veía nada, cuando de pronto veo a lo lejos a una mujer que se acercaba a nosotros, era muy hermosa y se veía elegante. 

Mi padre me pidió que lo esperará mientras él iba a hablar con ella, por lo que me quedé ahí parada esperando, yo soló sentía la mirada de aquella mujer, me veía de pies a cabeza mientras hablaba con mi padre. De pronto mi padre regresó y me dijo: 

-Te vas a ir con esa mujer y la obedecerás en todo lo que ella te diga, ¿entiendes? 

Yo soló asentí y caminé hacia ella, cuando yo ya estaba frente a ella volteé para mirar a mi padre y él ya no estaba ahí, volví mi mirada hacia aquella mujer quien viéndome dijo: 

-¿Cómo te llamas? – mientras ponía mi cabello detrás de mis orejas. 

El miedo invadió mi cuerpo al escuchar su voz, era dulce y delicada, me hizo recordar a mi madre cuando me levantaba por las mañana y me daba los buenos días. Pero había algo en la voz de esta mujer que me causó escalofríos. 

- Me llamo Savannah - repliqué mientras mi cuerpo temblaba y sentía demasiado frío. 

- Es un gusto querida Savannah, me llamo Vicentica - dijo mientras tomaba mi mano y hacía que yo caminara con ella para adentrarnos a un bosque. 

Mientras caminábamos yo sólo pensaba en mi padre y en por qué me había dejado con esta mujer. Las lágrimas empezaron a brotar una tras otra mojando mi rostro. Quería huir, salir corriendo en busca de mi padre, pero no podía y una parte de mí seguía molesta por haberme abandonado. Yo no sabía de lo que esta mujer era capaz de hacer hasta que un día nos topamos a un hombre borracho en el camino y ella hizo algo que nunca olvidaré. 

Íbamos pasando por un árbol de Ceiba, él al vernos huyó, yo no entendía, hasta que volteé a ver el árbol, ahí estaba su cuerpo colgado. No podía explicarme lo que había pasado, hace unos minutos lo tenía frente a frente y después estaba ahí colgado sin vida. 

Fue ahí donde reconocí a la mujer, era la Xtabay; la mujer que seducía hombres y hacía que luego se suicidaran; yo solo pensaba en que sería de mí con esa mujer, quien en tanto silencio me dijo:

 - Ya debes saber quién soy- 

- ¡Quiero irme con mi padre! – grité sollozando. 

La mirada de la mujer cambió, su rostro reflejaba una tristeza inmensa mientras caminaba a mi lado, yo no dije nada más en el transcurso del camino por miedo. Llegamos a una casa donde había una mujer, al verla supuse que era Utz-Colel por el aroma que desprendía de ella el cual algunas personas del pueblo describían, empezó a pelear con la Xtabay sobre que debería dejar de llevar a personas a la casa cada que quisiera. 

La Xtabay me mostró un cuarto donde dijo que podría quedarme a descansar, yo solo entré y me senté viendo alrededor, era un lugar acogedor y no como otras personas describían su vida. No recuerdo mucho, solo que ese día ahí dormí. Al día siguiente desperté acobijada, al parecer alguien me había puesto una manta muy cálida para cubrirme del frío de aquella noche.

Pasé 4 años con ella, se convirtió en una madre para mí quien me cuidaba y atendía como una hija, no entendía por que las personas eran tan malas con ella. Un día no me aguanté y con valor le pregunté: 

-¿Por qué seduces a los hombres y haces que se suiciden? – dije con una voz entrecortada. 

Ella no respondió, solo se quedó ahí parada evadiéndome la mirada, pero yo ya no podía seguir estando con ella sabiendo lo que hacía, así que esa noche planeé mi huida sin rumbo. En los últimos años había logrado conseguir un pequeño trabajo en una panadería donde había logrado juntar un poco de dinero, así que tomé los ahorros y las pocas prendas con las que contaba y al caer profundamente dormida me salí. 

Había mucho frío, algo lógico porque eran las 2am. Cuando tuve la oportunidad de huir y rehacer mi vida a mis 16 años, después del abandono de mi padre con esa mujer que de cierta manera se había convertido en una figura materna para mí. No tenía a donde ir, ni familia ni amigos donde resguardarme aunque sea por esa noche. Empecé alejarme de la casa, mientras mis pasos errantes iban en sentido a mi libertad. 

Cada paso que daba me hacía sentir bien, pero mi mente solo pensaba en que haría a partir de ese momento, pero de lo que estaba segura era de que mi vida tendría un nuevo comienzo del cual mi futuro dependería tan solo de mí. Aquella mujer de la que todos tenían miedo me enseñó muchas cosas de las cuales siempre estaré agradecida.
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